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06 junio 2006

Lecciones en torno a las reservas del comandante

Fidel_castrobigPor Jorge A. Sanguinetty
Diario de las Américas

Este tema surgió por primera vez en 1997 y hoy se debate como si nos hubiéramos olvidado del mismo. Apareció de una manera insólita y accidentada pues la revista Forbes publicó aquel año un artículo donde se le calculaba a Fidel Castro una fortuna personal de 1.4 mil millones de dólares. Queriendo saber cómo la revista había llegado a semejante estimación dada la total oscuridad en que se manejan los asuntos públicos en Cuba, llamé a la autora del artículo, Kerry Dolan. Ella me explicó que cuando estaba haciendo una reseña de las personas más ricas en una serie de países, al llegar a Cuba se dio cuenta que la única que podía calificar era el propio Castro, pues en la práctica era el dueño del país y disponía de sus recursos como si fueran propios. Bajo tal consideración, la periodista simplemente le imputó el diez por ciento del Producto Bruto Interno estimado para Cuba. Aunque este método es poco riguroso, no es descabellado pues sirve como una primera aproximación hacia mejores estimados y para llamar la atención sobre la forma secreta y sospechosa con que Castro maneja la riqueza nacional.

Jesús Marzo Fernández, que se había escapado de Cuba por México el año anterior mientras desempeñaba una importante misión oficial de compra de alimentos en ese país, y que trabajaba en mi empresa produciendo un boletín mensual sobre la economía cubana, me dijo entonces que él se sentía obligado a complementar el artículo de Forbes con otras informaciones. Inmediatamente organizamos una conferencia de prensa en Miami para anunciar la existencia de las llamadas "reservas del comandante" las cuales sólo eran conocidas por un círculo muy exclusivo de altos funcionarios gubernamentales al cual pertenecía el economista Fernández. Junto con la publicación en la prensa de Miami y otras agencias noticiosas, además de nuestro boletín, su dio a la luz pública la existencia de tales reservas mientras al mismo tiempo le sugeríamos a la revista Forbes que fuera más allá de una imputación arbitraria sobre la fortuna de Castro y tratara de investigar a fondo las misteriosas reservas del comandante o, por lo menos, que le siguiera la pista a algunas de las cuentas bancarias de cuya existencia el señor Fernández había sabido en Cuba. Todo parece indicar que Forbes continuó en esa línea de trabajo, al mismo tiempo que la investigadora María Werlau ha ido recopilando informaciones y realizando análisis que confirman la existencia de tales reservas y de la riqueza que posee Fidel Castro, aun cuando sea imposible precisar su monto exacto.

Entre las informaciones más sorprendentes de Marzo Fernández se encontraba la de su participación personal y directa en una transferencia de un equivalente de veinte millones de dólares para pagar al contado una importación de harina de trigo que estaba por llegar a la isla. En esa ocasión, el señor Fernández, a cargo del pago pero imposibilitado de hacerlo por falta de los fondos, se dirigió a Carlos Lage, el médico que funge como encargado de los asuntos económicos de Cuba. El doctor Lage servía de intermediario para solicitarle directamente a Fidel Castro un préstamo con cargo a sus reservas. Castro accedió hacerle ese préstamo al gobierno (sí estimado lector o lectora, esto está escrito correctamente y usted está leyendo bien) con la condición de que se devolviera en tres meses y con una "multa" (según él como castigo a los funcionarios por no poder tener el dinero listo a tiempo) de un diez por ciento alzado, no anualizado. De hecho esto equivalía a un interés usurero, pues anualizado de manera compuesta llegaba a más de cuarenta por ciento, lo cual significaba que además de lo insólito de que el jefe de un gobierno fuera un prestamista de su gobierno, Castro era además un "garrotero" aplicando la terminología que existía en Cuba antes de 1959. Aquella importación de harina de trigo se finalizó cuando el encargado de manejar algunas de las cuentas de Castro le preguntó al señor Fernández en qué moneda quería la transferencia y en dónde, a lo que éste respondió, según los requerimientos del embarque, en francos suizos y en un banco de Ámsterdam. Mediante este episodio y otros similares, quedaba al descubierto ante unos pocos funcionarios la existencia de las ya famosas reservas del comandante.

Según las declaraciones de Marzo Fernández en 1997, tales reservas no eran simplemente financieras sino que había muchas otras de diversa índole. Las financieras estaban distribuidas en muchas cuentas y bancos, que incluía uno creado por el gobierno cubano con varias sucursales internacionales. Pero además Castro poseía y manejaba reservas de viviendas, de automóviles, de alimentos y de muchos otros artículos, al mismo tiempo que había adquirido un palacio o castillo en Viena que llegó a habitar el hijo mayor del comandante, un palacio en la India, unas propiedades en Galicia y una finca en México que se decía colindaba con la del escritor Gabriel García Márquez.

Las repetidas intervenciones de Castro y sus servidores en las célebres Mesas Redondas de la televisión cubana hacen pensar que tales reservas existen hoy tal como las reportó Marzo Fernández hace casi nueve años. Pero ¿qué razones tiene el dictador para desmentir tan insistentemente todas estas informaciones? Trataremos de dar una respuesta en la segunda parte de este artículo.

Lo insólito de "las reservas del comandante" no es que Fidel Castro maneje los recursos financieros del país como si fueran propios, sin rendirle cuentas a nadie. Eso es sólo la mitad de lo insólito. La otra mitad es que los cubanos se lo permitieron. Nos asombramos que Fidel Castro tenga el poder que tiene y si posee tantos o más cuantos dólares en cuentas secretas, pero no nos asombramos todavía cómo Cuba le permitió a un canalla de semejante calaña convertirse en el dueño del país mediante un movimiento que disfrazó de revolución patriótica, humanista, nacionalista, benefactora y socialista y traicionó cada una de esas características y sus defensores, burlándose de los cubanos y de muchos otros. Nos vienen a la mente las sabias palabras del titán de la literatura inglesa del Siglo XVIII Samuel Johnson al proponer que "el patriotismo es el último refugio de los sinvergüenzas".

Parte de la explicación de este lado de la ecuación de lo insólito es que Castro puso en práctica sus extraordinarios talentos para engañar a una masa crítica de cubanos. En este aspecto Castro desarrolló la mentira a nivel de tecnología y se valió precisamente de sus dotes de gran actor (esto no es una metáfora, sino una proposición concreta y deliberada) para presentarle a los cubanos y al resto del mundo una imagen de héroe épico con aires de Mesías. Es por eso que ahora se preocupa, como se preocupó en 1997, del daño que las informaciones sobre las reservas del comandante le puede hacer a su fantasmagórica credibilidad. Nadie como Fidel Castro comprende que la base de su poder es eminentemente sicológica: hacerle creer a otros lo que él no es, a través de la creación y manipulación de múltiples imágenes. Desde que estaba en la Sierra Maestra construyendo la imagen del "guerrillero heroico" (cuando Cuba estaba hambrienta de héroes), Fidel Castro utiliza todos los recursos a su disposición para venderle al cubano primero y a una parte del mundo después la figura de un hombre capaz de sacrificarse por su pueblo y por unos ideales superiores.

Pero no hay una sola imagen de Fidel Castro sino muchas y todas se refuerzan mutuamente. La imagen de guerrillero heroico en sí misma es una colección de imágenes que incluye la de un ser desprendido, patriota, valiente, intrépido y hasta romántico, que viaja en un tanque de guerra dejando ver los destellos de escapularios y rosarios que impresionarían a millones. Cuando se baja del tanque, el actor se nos presenta con otra colección de imágenes, como un gran estadista, político sagaz, conocedor de la historia y preocupado por los destinos de su pueblo. No pasó mucho tiempo sin que florecieran otras imágenes como la de internacionalista, pensador profundo y filósofo, al mismo tiempo que soldado de proyecciones alejandrinas, espartanas y napoleónicas, capaz de alcanzar y comprender la esotérica del socialismo científico y del marxismo-leninismo. En este desfile imaginario pueden distinguirse otras imágenes que surgieron esporádicamente, según las circunstancias, como la de agricultor y ganadero, conocedor de la economía y las finanzas, científico y, recientemente, capaz de reinventar el sistema de generación y distribución eléctrica del país. Su momento cazuelero y arrocero fue una licencia que Castro tomó para demostrarle a los cubanos que en medio del genio tan maravilloso que hay en él, hay un ser simpático capaz de relacionarse con las necesidades de su pueblo y descender del Olimpo hasta las cocinas depauperadas de sus conciudadanos.

Esta colección de imágenes, cuidadosamente desarrolladas y mantenidas como ricas piezas de museo, es lo que le permitió a Fidel Castro diferenciarse radicalmente de los típicos sátrapas latinoamericanos. La imagen de muchos de ellos usando los espejuelos calobares y las ridículas gorras militares fue quebrada por Castro con la imagen del guerrillero heroico. Castro era distinto y, por irracional extensión, tenía que ser distinto en todo lo demás. Así hasta sus más encarnizados enemigos no se atrevieron a igualarlo a los otros dictadores, especialmente en las áreas de la corrupción y del lucro. Pero es aquí donde los testimonios de Marzo Fernández descubren la verdadera imagen y naturaleza del dictador, como flechazo en talón de Aquiles. Se desvanece la imagen épica y aparece la del dictadorzuelo ladrón. La verdadera diferencia entre Castro y aquellos otros dictadores está en la ropa.

Es por eso que aborrece los informes sobre los dineros que él maneja. El comprende que si estos informes se plantan en las mentes de los cubanos y de otros que lo admiran, surge una imagen que no sólo neutraliza sino que destruye todas las demás. ¿Cómo es posible que el campeón de la lucha contra la pobreza se haya convertido en la persona más rica del país? ¿Cómo es posible que el portaestandarte de la guerra contra el capitalismo sea uno de los capitalistas más ricos del mundo? ¿Cómo es posible que mientras los cubanos se hunden en la indigencia, el héroe máximo acumula una fortuna que es reconocida por una de las revistas del capitalismo? No cabe duda que Castro está preocupado y herido por la trastada que, casi sin querer, le jugó Forbes primero y que unos cubanos alertas y conocedores como Jesús Marzo Fernández y María Cañizares Werlau se encargaron de explicarle al mundo después.


















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Listados abajo están los enlaces de los blogs que referencian Lecciones en torno a las reservas del comandante:

» O mensalão de Fidel de De Gustibus Non Est Disputandum
Eis o trecho: Jesús Marzo Fernández, que se había escapado de Cuba por México el año anterior mientras desempeñaba una importante misión oficial de compra de alimentos en ese país, y que trabajaba en mi empresa produciendo un boletín mensual... [Leer más]

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