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22 agosto 2008

Cuando los progres no quieren paternalismo

Por George Will
Diario de América

Sentado en un solitario pupitre en el pasillo fuera de un aula, el delgado muchacho de 13 años de sonrisa como una puesta de sol estudia álgebra lineal anticipadamente, ayudado por una tutora pagada. También ella tiene 13 años de edad. Ambos visten el uniforme – polo blanco, pantalones sin pinzas color caqui – de un centro que aún no ha admitido al chico. Lo admitirá, porque él se niega a irse.

Hijo de inmigrantes indios de México, el muchacho decidió que va a ser médico, oyó hablar de la Escuela Pública Concertada Indio Americana de aquí y empezó a asistir. Ben Chavis, el benevolente dictador de la AIPCS, dijo al chico que aunque estaba sacando buenas notas en la escuela, no estaba a la altura de los requisitos de la AIPCS, que está adornada con fotografías de los muchos estudiantes que ha enviado al Centro Johns Hopkins de Jóvenes Superdotados. De forma que el muchacho preguntó, ¿qué tengo que hacer?

Decir a los jóvenes lo que tienen que hacer es lo que hace Chavis. Con el pelo a lo casco y una barba corta salteada de canas, se parece un poco a Lenin, pero es menos democrático. Indio Lumbee procedente de Carolina del Norte, fue por el buen camino, obtuvo un doctorado por la Universidad de Arizona, se hizo rico en el mercado inmobiliario ("quise volver a adquirir América y alquilarla a los blancos") y decidía arreglar el mundo, empezando por la Escuela.

Fundada en 1996, se convertía rápidamente en el laboratorio de los multiculturalistas en el que todo se toleraba y se aprendía poco. Chavis llegó en el 2000 para invertir esa situación. Los centros concertados no están sindicados, de manera que pudo hacer limpieza, la cual incluyó a todos los miembros de la plantilla menos uno.

David Whitman, en su libro "Sweating the Small Stuff: Inner-City Schools and the New Paternalism," cuenta que en Chicago, de 2003 hasta 2006, apenas tres de cada 1000 profesores obtuvieron una evaluación "insatisfactorio" en las evaluaciones anuales; en 87 "centros escolares con suspenso" -- con notas por debajo de la media y en caída libre -- 69 no tenían profesores evaluados como insatisfactorios; en todas las escuelas de Chicago, apenas nueve profesores obtuvieron más de una evaluación insatisfactoria y ninguno de ellos fue despedido. Los profesores de Chavis vienen de lugares como Harvard, Dartmouth, Oberlin, Columbia, Berkeley, Brown y Wesleyan.

La Escuela Pública Concertada Indio Americana es uno de los centros altamente reputados que estudió Whitman, en el que "las habilidades no cognitivas" – comportamientos responsables como la autodisciplina o la cooperación en grupo -- forman parte del capital cultural que imparte el plan de estudios. Muchos centros de zonas marginales presentan un notorio caos de disciplina. La Escuela Pública Charter Indio Americana – el centro de educación intermedia con mejores notas de Oakland -- pone énfasis en la obligación, no en la autoexpresión. Chavis, "administrador emérito" hoy, se muestra inflexible: “Todo el mundo dice que debemos ‘preservar nuestra cultura.’ Hay mucha de nuestra cultura que deberíamos erradicar."

Un visitante de un aula de la Escuela observa que los alumnos no notan a los visitantes. Se enseña a los estudiantes a sentarse correctamente – sin desviarse -- y mantener la vista puesta en el profesor. Nada de maquillaje, nada de joyería, nada de aparatos electrónicos. Los 200 alumnos del centro apenas tienen 20 minutos para comer y pasan todo el día con el mismo profesor en la misma clase. Rotar consumiría al menos 10 minutos, siete veces al día. 70 minutos al día en el extra-largo año escolar de 196 días de la Escuela serían un montón de lecciones perdidas. El centro no cierra el 12 de octubre, ni el día de Martin Luther King, ni el día de César Chávez.

Cada estudiante asiste a cuatro clases pre-AP (ubicación avanzada). Hay tres semanas de matemáticas de verano y tres horas de deberes por noche. Los alumnos de séptimo curso realizan el examen de selectividad. La universidad se da por sentada.

El paternalismo es la restricción de la libertad por el bien de la persona cuya libertad se restringe. El centro actúa in loco parentis porque Chavis, que se muestra frío hacia la implicación de los padres, quiere una cultura escolar en evolución que combata la cultura de pobreza y de la calle.

Otros practicantes del nuevo paternalismo y él -- hace mucho tiempo la escolarización se interpretaba como el paternalismo permisible, obligatorio en la práctica, de la democracia -- están demostrando que los pesimistas culturales están equivocados: Sabemos cómo cerrar el vacío del éxito académico que con frecuencia separa a las minorías de los blancos antes del parvulario y que se amplía a lo largo de la educación intermedia. Una creciente cohorte de gente posee las habilidades pedagógicas para hacer florecer los centros "sin excusas".

Desafortunadamente, poderosas formaciones se oponen ferozmente al florecimiento. Entre ellas se encuentran los centros educativos con su progresismo romántico -- los profesores deben ser simples "catalizadores" de la enseñanza colectiva; la autoestima es un prerrequisito del logro académico, no una consecuencia del mismo. Otros detractores son los sindicatos de profesores y su perrito faldero, el Partido Demócrata. Los progresistas de hoy prefieren el paternalismo -- no se pueden comer grasas saturadas; tienes que comprar la cobertura médica -- para todo el mundo excepto los niños. Es raro.

© 2008, The Washington Post Writers Group


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