En una conversación que tuve con Peter Thiel –el fundador de PayPal– él dijo que no pierde la esperanza porque ya no cree que la política abarque todos los futuros posibles. Añadió que vivimos en un mundo en el que hay una carrera entre la tecnología y la política; y que cree que algunas de aquellas les facilitarán, a las personas, tener esferas de acción fuera de la esfera de los estados.Dijo aquello en el contexto de que si bien el futuro se ve peligroso, ni es cierto que la Historia determine el futuro de los individuos, ni es cierto que estos no puedan cambiar el curso de los acontecimientos. La mejor actitud, dijo, es ser valiente, recordar que los individuos son lo más importante y que a cada uno de nosotros nos corresponde decidir si vamos a hacer el futuro mejor, o no. Me acordé de aquella conversación al ver, en elPeriódico, a Alessio Rastani sobre un letrero que dice: “Los gobiernos no dirigen el mundo”.
Por alguna razón que no entiendo bien, la izquierda ha demonizado el lucro. Ha logrado asimilarlo a la codicia como si fueran lo mismo, pero no lo son. El afán de lucro es una poderosa energía que mueve al ser humano tal como lo hace la energía sexual, el hambre, la defensa, la espiritualidad, el amor, la confianza, el arte y otras. Todas pertenecen a la compleja naturaleza humana. Ir al baño también es humano. La izquierda siempre ha querido “diseñar” un hombre nuevo, de tablero, así como el Transantiago, y se ha rebelado contra el ser humano como es. Pero ¿quién es aquel tan bueno o tan mejor para cambiar a los otros? Por eso siempre hemos buscado profetas e iluminados, seres superiores, pero hasta donde yo sepa no ha salido ninguno de la izquierda, que muestra un penoso récord de las peores dictaduras de la historia tratando de hacer el hombre nuevo.
La propuesta efectuada por la OLP para el reconocimiento de un Estado palestino árabe basado en el Armisticio de 1967 y los términos de la resolución siguen siendo un secreto celosamente guardado. Pero aun persisten desacuerdos entre los propios líderes palestinos. Sin embargo, a pesar de esa incertidumbre el PM Netanyahu anunció que él ha ido a las Naciones Unidas a “decir la verdad a quien quiera escucharlo y a lograr acordar la paz con su contraparte el presidente Mahmud Abbas”.
Será que me gusta llevar lo contraria, pero que la solución a la crisis de deuda son los famosos eurobonos es algo que no me trago. Sobre todo porque creo que lejos de ser una buena idea lo único que va a hacer es hundirnos aún más. Tengo varias razones, pero se resumen en dos: no funciona y es la sentencia de muerte a los valores europeos.
¿Quién puede entenderlo? En Colombia, los más flagrantes atropellos a la Justicia corren por cuenta de la Justicia misma. Y algo más grave: como los medios de comunicación, desbordados por toda suerte de denuncias, no tienen tiempo de investigar fallos o sentencias, se convierten sin quererlo en ciegas correas de transmisión, con lo cual la opinión pública -también ella- acaba por admitir lo inadmisible.
El lastimoso espectáculo sobre el llamado bloqueo a Cuba por Estados Unidos, repetido año tras año, comenzó el 14 de septiembre con la acostumbrada conferencia de prensa en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Este vigésimo show tiene como siempre por objetivo hacer una campaña de propaganda con motivo de la presentación de un proyecto de resolución titulado “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, que será sometido a votación en la Asamblea General de la ONU el 25 de octubre.
Son el no va más de la parasitología, parásitos capaces de modificar el comportamiento de sus huéspedes tomando el control de sus cerebros y haciendo que sus víctimas se comporten de forma extraña y aberrante, actuando en contra de sus propios intereses biológicos.
Hay mucha gente que piensa que el mal que la corrupción hace a la sociedad se mide por la cantidad de dinero que los corruptos desvían de los cofres del Estado, y por las cantidades que ellos cobran por hacer cosas que está en su poder hacer: las famosas "mordidas".
Las revoluciones en muchos países petroleros del Medio Oriente están ocupando grandes titulares hoy en día, pero es posible que esa situación no sea eterna: hay indicios de que las Américas reemplazarán al Medio Oriente como la mayor región productora de petróleo del mundo en un futuro próximo.
Santiago de Chile. - Los sucesos del 30 de septiembre de 2010 en Ecuador supusieron un parteaguas en la historia del régimen de Rafael Correa. La sublevación policial, o golpe de Estado según el correismo, ha dividido a la sociedad ecuatoriana en dos, ha acentuado la polarización así como los rasgos más autoritarios del gobierno de Correa.
Una escuela de Girona ha provocado la última noticia que nos devuelve a un debate recurrente. El colegio Les Alzines envió a casa a treinta chicas que vestían de manera muy exagerada. "Pero dónde van: ¿a la escuela o a la discoteca?", se preguntó la portavoz del centro y, a tenor de la descripción, sin duda las chicas iban a la discoteca.
Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, miente, sí, hasta la náusea, cuando dice y repite en Naciones Unidas que el Holocausto, en el que los nazis asesinaron a más de 5 millones de judíos, no tuvo lugar.
WOODBRIDGE, Virginia—La creciente población de latina en varios estados de Estados Unidos que podrían ser cruciales para determinar el ganador de las elecciones del año próximo, ha desatado una temprana lucha entre los partidos demócrata y republicano para influir en el voto hispano.
De entrada digo que, en rigor, no hay tal cosa como la “guerra contra el terrorismo” (como ha decretado el gobierno de G.W. Bush que promovió la peligrosa figura de la “invasión preventiva” y consolidó la patraña de Irak) puesto que como indica el hoy candidato presidencial Ron Paul “no se puede hacer una guerra contra un método”, del mismo modo que Milton Friedman escribió que no tiene sentido hablar de la “guerra contra las drogas” de la misma manera que “no se entabla una guerra contra la aspirina” (es imposible imaginarse un bando constituido por aspirinas y equivalentes). Las guerras se libran contra personas o grupos de personas reunidas en países o regiones pero no contra cosas o contra estrategias (por más repulsivas que resulten). En el caso que nos ocupa, es una guerra contra terroristas criminales cuyos resultados más positivos han sido las operaciones comando con propósitos muy específicos fruto de buena inteligencia y no de desplegar decenas y decenas de miles de soldados en acciones bélicas contraproducentes que conducen a fiascos superlativos. Y otra cuestión terminológica en este contexto que hace al buen uso del idioma: aludir a los “derechos humanos” constituye un grosero pleonasmo puesto que los minerales, los vegetales y los animales no son sujetos de derecho (ni agentes morales, por ello no responsables ante los tribunales de justicia).
En su discurso ante el Congreso a principios de este mes, el presidente Obama preguntó: “¿Dónde estaríamos ahora mismo si aquellos que ocuparon bancas aquí [en el Congreso]. . . hubieran decidido no construir nuestras carreteras. . . nuestros puentes, nuestras represas, nuestros aeropuertos?”
Los Estados pueden quebrar y, de hecho, lo hacen bastante a menudo. Sólo en el siglo XIX España presentó suspensión de pagos siete veces. La razón es simple, el Tesoro estaba a cero y no podía atender a los acreedores, ni a los de dentro ni a los de fuera. Los Estados tienen ese privilegio del que carecemos los individuos. Si un Gobierno dice que no paga pierde la confianza de los inversores, pero nadie le embarga ni le reclama por la fuerza lo que debe.
Seré el primero en admitir que la economía tiene sus limitaciones. La economía como tal no puedo decirle qué es bueno y qué es malo. No puede decirle qué valores, gustos y preferencias tener. Pese a estas limitaciones, la economía tiene mucho que enseñarnos sobre los efectos de las políticas que los gobiernos promulgan en aras de promover lo bueno o castigar lo malo, o en la búsqueda de nuestros valores, gustos y preferencias.
Recién publicó Ladies for Liberty (Algora, 2011) el Dr. John Blundell, quien dicho sea de paso posee un doctorado honoris causa por la Universidad Francisco Marroquín. ¿Cómo paró este economista inglés asociado a tanques de pensamiento, con un perfil poco feminista, investigando a damas estadounidenses que han impactado en la historia de América?
El dinero mercancía se atesora como depósito de valor o se entrega físicamente para comprar algo o saldar alguna deuda. El dinero es muy susceptible de ser robado: puede ser necesario protegerlo de algún modo, dificultando el acceso de los ladrones al mismo; pero las medidas de protección (esconderlo, custodiarlo personalmente o de forma colectiva en algún refugio) pueden dificultar su uso como medio de intercambio (y para entregarlo físicamente a otro es necesario llevarlo consigo, lo cual puede poner en peligro la integridad física del portador). Además atesorar dinero tiene un coste de oportunidad: no es un bien de consumo ni una herramienta para la producción de más bienes o servicios.
Alessio Rastani se ha convertido en el sueño húmedo de todo progresista liberticida que se precie, un Emmanuel Goldstein adaptado a los tiempos modernos. No porque diga la verdad, pues solo la cuenta a medias, sino porque su deslenguada arrogancia juvenil encaja como un guante en la descripción que a la izquierda le encanta hacer de esas altas esferas que, a modo de plutocracia comunista, se imagina dirigen el capitalismo.
Sigue empeñado el Gobierno en que creamos que la solución para el acuciante problema de la inseguridad es el aumento de impuestos. Por si fuera poco, a esta falsedad hemos de agregar el populismo que la reviste, porque también quiere el Gobierno que compremos la ficción que esos impuestos sólo los pagarán "los ricos", los "grandes capitales".
No debería sorprender que en una sociedad donde las autoridades parecen no respetar la ley, la Policía amanezca pensando que puede hacer lo mismo y se tome las calles. La Policía del país intentó demandar algo por la fuerza y no a través de los canales tradicionales y pacíficos: la Asamblea y/o negociaciones con el Gobierno. En una sociedad que goza de Estado de Derecho –donde hay separación de poderes, donde los ciudadanos son iguales ante la ley y donde la ley limita al poder– tal vez los policías hubiesen optado por esos canales pacíficos. Pero vivimos en un país sin estado de derecho, donde el Gobierno ha dado el ejemplo, sistemáticamente a lo largo de los últimos casi 5 años, de que es aceptado hacer cambios por la fuerza.
A diferencia de lo que -hasta ahora, al menos- parecería ocurrir en nuestro país, que evidencia una actitud más bien pasiva, casi de resignación, respecto de la corrupción en el sector público, en dos de las más dinámicas potencias emergentes: Brasil y la India, la lucha contra ese flagelo se ha apoderado del centro de la escena política e inundado las calles de sus ciudades con todo tipo de protestas. De pronto, la corrupción parece haberse vuelto un fenómeno socialmente inaceptable. Era hora ya.