Las primarias de Iowa -asambleas que producen indirectamente menos del uno por ciento de los delegados para la convención republicana- suelen sepultar a los candidatos rezagados. Pero en verdad no deciden nada: muchos candidatos que perdieron en Iowa -por ejemplo, Ronald Reagan frente a Bush padre en 1980- acabaron obteniendo la nominación y muchos candidatos que dieron la sorpresa en ese estado -como Mike Huckabee hace cuatro años- luego se desintegraron. ¿Hay algo distinto esta vez? ¿Tendrán mayor importancia que de costumbre o las habremos olvidado dentro de pocas semanas?
Sí, la tienen. Primero, se ha confirmado el "juggernaut", que es la organización de Mitt Romney. Hace pocas semanas, el ex gobernador de Massachusetts no había siquiera pisado dicho estado; se concentraba en New Hampshire, donde ganará por ser una plaza de conservadores moderados, y en Carolina del Sur, donde iba adelante en los sondeos, calculando que allí recibiría el impulso definitivo hacia la nominación. Pero cuando las cosas tomaron un color raro por las crecientes resistencias de la base ideológica y evangélica del Partido Republicano contra su candidatura, decidió volcarse en Iowa; en pocos días, gracias a su arrollador "aparato", ha logrado imponerse a un Ron Paul que ha visitado Iowa decenas de veces, y a un Rick Santorum que lleva un año haciendo una campaña de hormiga en los 99 condados del estado. La organización de Romney ha logrado movilizar a suficientes votantes en un tiempo suficientemente corto como para darle el primer lugar en una plaza donde todo estaba alineado contra él, empezando por el poco entusiasmo que despierta.
Lo segundo es que Iowa confirma que la base ideológico-religiosa quiere cualquier cosa, menos a Romney. A lo largo de los meses, esa base fue aupando y luego descartando a numerosas alternativas al ex gobernador de Massachusetts, de Michelle Bachmann a Rick Perry y de Herman Cain y Newt Gingrich, intentando frenar a quien consideran demasiado centrista, camaleónico y sospechoso en temas morales. Santorum, el ex senador de origen humilde e hijo de inmigrante italiano al que la prensa ninguneaba hasta hace poco, ha sido el último beneficiario de esa búsqueda ciega. La base ideológico-religiosa es muy pequeña en New Hampshire, la próxima cita republicana, pero poderosa en Carolina del Sur, lo que augura una justa reñida por lo menos hasta fin de mes, cuando la Florida, que aporta muchos delegados a la convención y es un estado predictor, celebre sus primarias. El partido está dividido en términos de identidad ideológica y valórica; Santorum es hijo de esa fisura. Este es y será el gran tema de la campaña electoral de 2012: la división profunda de los republicanos y de la familia conservadora.
Por último, Ron Paul, septuagenario y todo, demuestra con su excelente resultado que el ala libertaria tiene tanto vigor que podría convertirse en un tercer partido si logra sumar a un sector del "Tea Party" (aquel que se interesa más en la reducción del Estado que en los asuntos de la conciencia y en la entrepierna de los ciudadanos).
El vigor libertario encarnado en Ron Paul ahonda la división y republicana y acaso augura un desdoblamiento de la derecha norteamericana en más de una alternativa a Obama después del verano. El importante vuelco de los jóvenes con el radical Paul apunta a ello. Hay un sector del país decidido a volver a las raíces de los Estados Unidos, es decir, la visión de los Padres Fundadores según la cual el gobierno debía meterse muy poco en la vida de la gente y no inmiscuirse en guerras. El costo político y económico (más de un billón de dólares) de las guerras de Irak y Afganistán, y la deuda y el déficit descomunales del Estado, en un contexto de zozobra y creciente intervencionismo bajo Obama, ha despertado el nervio libertario de la derecha más joven y tradicional. Este es otro factor clave en la división de la derecha. Con la diferencia que atrae también a un pequeño sector de la izquierda estadounidense (los libertarios siempre han reunido a una parte de la derecha y la izquierda desde los años 60, porque combinan libertad económica con libertad cultural, moral y religiosa).
Es posible, pues, que las primarias de Iowa hayan sido las más significativas en muchos años. Aun si Romney obtiene la nominación (básicamente porque una mayoría republicana cree que es quien puede derrotar a Obama), Iowa habrá demostrado que no hay una, sino dos y hasta tres derechas, y que ninguna se resigna a un líder que no la exprese a cabalidad. El "establishment" republicano que respalda a Romney le teme más a su base que a Obama, y la base odia más a su "establishment" que al propio presidente demócrata. No sería inconcebible que acabemos con tres candidaturas nacionales en el verano de 2012. Obama ve esta perspectiva con fruición, pero es pronto para que se entusiasme tanto si tomamos en cuenta que tiene menos de 50 por ciento de aprobación en los sondeos.












