Por Ricardo Reilly Salaverri
El País, Montevideo
En nuestro se país vive una patología "ideológica" que cierra los ojos ante la realidad universal. Tal principio ha sido esencia del esquema de lo que gusta llamarse "izquierda" que ha caminado desde siempre con anteojeras, asentada en poco pienso y mucho eslogan, encerrada en sostener que los grandes fracasos políticos, económicos y sociales son lo bueno y que los exitosos no merecen tenerse en cuenta.
En la raíz de la concepción de ese núcleo de gente lo que está afirmado es un gran complejo de inferioridad ante quienes son más y su consecuencia inevitable la envidia. A partir de allí a cada rato se lanzan propuestas "sociales", por las que un grupo de iluminados burócratas normalmente sin antecedentes de realizaciones personales relevantes, consideran deben apropiarse de lo ajeno y organizar una sociedad más justa, de la que ellos son supremos arquitectos.
En el feudo de los hermanos Castro, la cárcel cubana, desde hace más de 50 años está instaurada una monarquía que destruyó todo. La gente más preparada y con capacidad de gestión de empresas se fue a los Estados Unidos, se liquidó la propiedad privada y la libre empresa, se estatizó la economía y la vida de las personas que allí quedaron, y entre sus fracasos más relevantes está la producción agropecuaria. La monarquía que ha manejado a su antojo los negocios internacionales y nacionales de la isla, terminó con lo que era un bien secularmente propio de Cuba: la producción de caña de azúcar. La redujeron como todo lo demás a la nada. Y, allí, no obstante, hay un modelo promisorio para nuestros iluminados e ideológicos "izquierdistas".
Cuando en el Uruguay, el frente amplio triunfó en las elecciones nacionales y el Dr. Tabaré Vázquez fue presidente del país, se promovió una reforma tributaria que era necesaria, pero, como se dice vulgarmente entonces "salimos de Guatemala y nos hemos metido en guatepeor". Hoy un ciudadano medio del país, de los que se esfuerzan por salir adelante y contribuyen a que el país avance, en nombre de la redistribución de la riqueza tiene por actividad principal la de pagar impuestos. Y, no es solo el desquicio económico personal y familiar que ello impone, sino el agregado de burocracia, plazos y trámites a hacer. Así, se han sumado el IVA que nunca bajó, el patrimonio, primaria, IRPF, FONASA, renta de industria y comercio, contribución inmobiliaria, patente de rodados, impuesto de puerta, etc. Terminando el año con una mazazo a la producción agropecuaria inconstitucional por donde se lo mire, que desconoce la potestad tributaria de los gobiernos departamentales y la administración de recursos fiscales derivados de la tierra establecidos en la Constitución, que grava doblemente al principal factor de producción del sector y que es confiscatorio. Pero, lo que es mucho peor, en medio de anuncios de reformas agrarias del castrismo gobernante, desarticula los proyectos de producción de largo plazo y genera una incertidumbre al futuro en un sector que se mueve con planificación esmerada y orientada al mañana.
Se podría decir, "la agropecuaria anda mal, debemos cambiar". Pero, no es así. El país ha vivido, no merced a los gobernantes actuales sino a años de buena gestión y a la situación internacional, una hora agropecuaria de renovación tecnológica y productiva en todos los campos. Las razones para destruirla son "ideológicas", como explicamos al principio.












