Por Enrique Fernández García
Nunca es importuno pensar y actuar con inteligencia, y no hay por qué dejar el histérico nombre de Deber o de Autosacrificio a lo que es simplemente un arte feliz y un compromiso racional.
George Santayana
Tal como le sucede al criticar el relativismo cultural, Slavoj Žižek acierta cuando observa la democracia, sosteniendo que ésta es un “reino de los sofistas”. Basados en que cualquiera tiene derecho a opinar, encontramos personas convencidas del significativo valor de sus impresiones en diferentes campos. Peor aún, desde su perspectiva, no habría ningún área del conocimiento en que les fuese imposible hablar y manifestarse sobre los temas de importancia. No se aprecia la virtud de guardar silencio ante lo desconocido; puede más el impulso que los lleva a ilustrar al semejante sin retraso ni vacilación, aunque sus prédicas resulten contraproducentes. Para ellos, las reflexiones pausadas, detenidas, complejas no son sino una pérdida de tiempo. Lo que juzgan imperativo es no dejar pasar ninguna ocasión para, en teoría, iluminarnos con esos curiosos impulsos, no digamos ideas, de su cerebro.
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